por Iván Rozwadowsky
Encuentro esto muy absurdo.-exclamó Joanna señalando la muñeca con la que lo habían esposado a Leithen, el fugitivo.
-Es por su seguridad señorita. Su testimonio es de suma importancia para la investigación.
-Felicidades señorita. Parece que vamos a morir junt….
Uno de los matones se apresuró a darle un puñetazo en el estómago a Leithen mientras el otro aplastaba los dedos del pie. Leithen cayó de rodillas al suelo adolorido.
.- Basta de estupideces maldito cerdo. Voy a conseguir un auto Lou. Vigilalos.
Claro Bob.-Respondió Lou.
La calle estaba desierta. Tranquila. Faltaban treinta minutos para las once y hacía rato que uno de los matones había ido en busca de un coche. Apenas un poste de alumbrado público iluminaba la esquina. Los habitués de los pubs de la zona ya dormían plácidamente embriagados en sus hogares. Todos los negocios estaban cerrados.Solo las constantes protestas de Joanna desafiaban al silencio que antecede a la media noche. Robert miraba sus zapatos resignado mientras se hacía preguntas como a quien fusilarian primero y cosas por el estilo.
-Por mi seguridad me llevarán a la comisaría esposada a un femicida. Pero que clase de broma macabra es esta. Conozco mis derecho. Le exijo que me saque estas condenadas….
-Señorita, señorita,señorita, ya se lo explique. Tiene que entender. El estatuto del buen orden de la legislatura escocesa me faculta en casos excepcionales a, por lo medios que fuere….-Lou se detuvo en seco. Joana y Robert cruzaron miradas confundidos. De un momento a otro, poseido por algun fuerza esotérica, el maton estiro su cuello y comenzó a olfatear el aire como uno de esos elegantes sabuesos de la realeza.
– ¿Qué sucede?- preguntó Joanna aturdida.
-¡Silencio, maldita sea, silencio!
Permanecieron en silencio unos instantes hasta que a lejos escucharon una voz. El matón se chupo un dedo y se lo metió en el odio para hacer una veloz higiene de su aparato auditivo.
-Es solo un borracho o el chico del periódico vespertino- declaró joana-¿Que ocurre oficial?
¡Dije silencio, maldita sea, silencio!- Exclamó el matón y sacando un arma del bolsillo apuntó a Joanna. Un sudor frío recorrió el cuerpo de la joven que en medio del estrépito tomó la mano de Robert y la apretó con fuerza por unos segundo.
Le tomó cinco segundos al matón Lou recuperar sus cabales. Bajo lentamente el arma y la guardo. Los tres permanecieron en silencio escuchando. La voz se acercaba Lou levantó su mano y extendió su dedo gordo. Estuvo así un rato y luego se lo llevó a la boca donde lo dejó un rato.
-¡Nutrias!- exclamó y se sacó el dedo de la boca- Dos manzanas al noroeste. ¡Nutrias lacustres helizadas!
¡¿Que?! -exclamaron Joanna y Robert al unísono.
– Nutrias con hélice ¿No las probaron? Son deliciosas. Mi madre las estofaba con hongos y abichuelas. Oh dios mío, me estoy babeando. Espero que esten frescas. Pensé que no se conseguían tan al norte. Quende se aqui, ahora regreso.
¡Oficial! Protesto Joanna
– No se preocupe señorita, tambien traigo una para usted.
Como un rayo el matón Lou se perdió calle abajo al encuentro con el vendedor. Robert y Joanna quedaron anonadados unos segundos. A unos metros, en la penumbrosa calle oírse con mayor claridad al vendedor de nutrias promocionando el aclamado aperitivo británico al grito de “nutrias, nutrias, calentitas, recien hibernadas, nutrias con helice”. Robert pensó: es mi oportunidad. La transacion economica seria sin dudas breve. Era hora de actuar.
Justo cuando se disponía a jalar de Joanna para darse a la fuga unas luces aparecieron doblando la esquina seguidas de un vehículo destartalado a toda velocidad. Robert no dudo y metiendo un mano en su bolsillo exclamó:
-Venga conmigo. Si hace algo estupido le disparó.
Y entonces Hundió con fuerza su dedo entre las costillas de Joanna simulando tener un revolver. Joanna se volvió instantáneamente y entonces tomándola del brazo ambos se escondieron tras un basurero. ¡Bingo! pensó Robert. El truco había funcionado. De joven en el instituto siempre había sido muy bueno en la interpretación de grandes papeles como Hamlet o Ricardo III. Sonrió.
El vehículo avanzó calle arriba frenando de un golpe a metros de ellos, casi impactando con el poste de luz. Del auto bajo el otro matón:
-Malditos cacharros modernos. Solo pude hacer andar esta basura que encontré junto al puente- exclamó Bob abriendo de una patada la puerta- ¿Lou? ¿Donde estas tonto?
Unos cinco metros separaban al matón de la puerta del auto. El motor estaba en marcha. Era ahora a nunca. Tomando a Joanna de la mano corrió a toda velocidad hacia el matón Bob que ante la embestida cayó al suelo en el preciso momento que Lou volvía con las nutrias en brazos. De un salto, Robert Leithen dio media vuelta y se zambulló dentro del auto llevando Joanna a la rastra. Las nutrias cayeron de las manos de Lou mientras desenfundaba su pistola al tiempo que Bob se incorporaba insultando y maldiciendo.
– !Disparale Lou!
Robert piso aterrado todos los pedales que encontró en sus pies y el auto salió eyectado sin control. Lou y Bob saltaron a un costado para no ser arrollados mientras el piloto recobraba el control del auto. Aferrado al volante, Leithen cerró los ojos y pisó el acelerador a fondo. Se escucharon disparos y gritos pero cuando abrió los ojos el auto seguia su marcha. Miró entonces por el espejo retrovisor y vio cómo el pueblo de Dumfries quedaba atrás. Las cosas empezaban a salir bien.
-¡Las cosas empezaban a salir bien! maldijo el piloto al ver el orificio de bala por donde el proyectil había perforado el chasis generando una fuga en el tanque de combustible.
No era la primera ni la última vez que la caprichosa fortuna traicionaba a nuestro querido protagonista. Joanna río con una sonrisa burlona.
-Debemos estar a unos 50 kilómetros de Dumfries. No tomará mucho tiempo para que esos oficiales encuentren nuestro rastro y lo metan en un calabozo.
-Por enésima vez esos hombres no son oficiales- suspiro Robert. Esa mujer lo odiaba y ,sinceramente, ya ni el tenia en claro como se habia visto envuelto en todo esto.
– Existe una conspiración que atenta contra la seguridad mundial y soy el unico que puede detenerla. La mujer muerta por cuyo asesinato me buscan era una espia que estaba al tanto de todo esto y quería detener a los conspiradores.
– Ohh, el héroe al rescate.- se burló Joanna
– Vamos camine- ordenó finalmente Robert jalando del brazo de Joanna.
La noche era fresca y despejada. Las estrellas iluminaban la solitaria campiña escocesa. Robert y Joanna atravesaban la estepa esposados. Un zorro asomó su cabeza desde su madriguera y se detuvo un segundo a observarlos. “Esto si que no lo había visto nunca. No se de que se trata, pero seguramente de nada bueno” pensó y volvió a introducirse en su acogedora guarida.
¿Y porqué no le cuenta su versión a la Policía? preguntó Joanna luego de unos minutos en silencio
-Por que no me crerian.
Joanna se detuvo
-¿ Que pasa?
– Se trabo mi zapato en el fango.
-Tire fuerte.
-Es mi zapato favorito.
-Se puede comprar otro cuando nos saquemos estas condenadas esposas.
-Dios mío, usted es realmente un cerdo despreciable. Sabe que espero que…
-Shh. ¿Escuhco eso?
Ambos detuvieron el paso. A unos metros algo se movía en unos arbustos. Robert apretó los puños. Conocía historias de todo tipo de criaturas fantásticas que habitaban en los bosques y lagos escoceses. Puras fantasías para chiquillos, pero a esa hora de la noche sin una gota de whisky en kilómetros a la redonda su cabeza alucinaba.
– Tranquilo. No es nada- lo tranquilizó Joanna y a continuación con su boca emitió un extraño llamado gutural.
De entre los pastizales, una a una las distintas figuras se fueron aproximando a ellos.
-Ovejas anglo francesas. Robert recuperó el aliento
-Las mejores para el transporte de pasajeros. La voz de ambos resonó al mismo. Sorprendidos por la coincidencia se miraron unos segundos en el silencio en la noche.
– Bueno. Me duelen los pies será mejor aprovechar la oportunidad.
Y dicho y hecho ambos montaron sobre las ovejas y se perdieron entre los montes escoses.