por Lucas Scott
El desierto verde de las colinas escocesas continuaba con su rutina. Las liebres se escapaban de los zorros. Alguna vaca paría un ternerito. Las aves probaban formaciones aéreas para próximamente emigrar. Las nutrias andaban probando hélices…Pero una silueta negra enturbiaba el paisaje. Robert Leithen. Cansado. Ya debían haber pasado horas desde que el tren llegase a su destino. Y él aún estaba perdido en un sin fin de colinas verdes, con la noche próxima a llegar, junto con sus criaturas. Lobos, comadrejas rabiosas y la policía…Y fue justo con ese pensamiento de preocupación cuando identificó a unas pocas millas una luz. Una granja.
Pier…ina se encontraba contando por quinta vez en el día sus ovejas. Pues no eran ovejas ordinarias, eran ovejas anglofrancesas. Las ovejas con mayor potencialidad comercial para el transporte de pasajeros. Así, Pier…ina, una granjera de oficio de años, con una belleza madura y cruda, vislumbró a la lejanía un hombre con pasos acelerados. Un hombre que trae una larga sombra de pecados, pensó. Cuando se encontró a pocos pasos de la entrada a sus tierras, alzó su escopeta de largo alcance que le recordaba sus años en guerra defendiendo su ovejado y detuvo a la silueta y un buen…
-¡Bonjour!
-Eeehhh….
-¡BONJOuR!
-jené parlé francé
-¡Buenn’as Targ’dés!
-Buenas tardes…Estoy buscando…un lugar llamado…¡GLINKA!
-¿Glinka?
-¡Güí!
-¡La Cásá de’l Profésóg Mog’gan!
-¡Exacto!
-¡De’l otró lad’ó de’l La Montagne!
-¡Gracias!
-¡Peg’ro nó c’ette No’cche! Est meddio día de marché…Las Montagnes puedden serg dangereux…eee…pel’iggrossas de No’cche…Hay lobbos y…¡COMMUNISTÁS!
-No hay problema…¡Gracias!
-¡ATTENDS!…
A Pier…ina se le ocurrió una idea…le faltaba bastante para el pago por algunas de sus ovejas anglo-francesas, las ovejas con mayor potencialidad comercial para el transporte de pasajeros, y necesitaba algún dinero para cubrir gastos de sus tabacos y licores.
-¡MARÍ’DO!…
-Buenas…
-Puedde quedagrse aquí ssi quiegge…
-¡Bueno!
-Hay thé con sconns…et una camma paggá que dueggmma…
-No pido más…
-Cinq’ó Livrás…
-Hecho.
-¡MARÍ’DO! Haz el thé…Iggé a vegr a las Ovej’as…
-¿Pardon?
-QUE IG’RÉ A VEG’R A LAS OVEJJAS…
Pier…ina se alejó hacia el establo, con su recuerdo de guerra al hombro, donde dormía sus preciado ovejado, mirando con recelo al hombre recién llegado y a su marido…
El Marido de la Granjera llevó a nuestro Piloto hacia el interior de la casa. Una cabaña con hermosas vistas a los cuatro puntos de la brújula. Una vez adentro, Robert observó. Ventanas que dejaban ver los cuatro horizontes; una chimenea como la única luz del interior; un comedor con su mesa de roble y cuatro sillas de roble que compartían lugar con una cocina repleta de trastos y vegetales y animales pequeños hechos carne, y dos puertas más…
El Marido de la Granjera dejó a nuestro piloto solo en ese cuarto, trajo de una de las piezas algunas cobijas y una almohada y con un pedazo enorme de fardo, las cobijas y la almohada, le preparó una bella cama al lado de la ventana junto a la puerta.
-Aquí tiene su cama.
-Muchas mercí.
-Yo no hablo frances.
-Ah pensé por su esposa…
-No…
El Marido de la Granjera comenzó a preparar el té. Puso un trasto lleno de agua en la chimenea, con un leve temblor de quien lleva más peso en sus espaldas que en sus manos…
-Yo soy de un pequeño pueblo aquí cerca…Dumfries…No creo que conozca…Estamos aquí por el trabajo de Pier…ina.
-¿Pier…ina?
-Mi esposa. Cría “ovejas”… Pero yo siempre quise conocer las grandes cuidades…
El Marido de la granjera comenzó a cortar unas hierbas para el té.
Robert se acercó a la mesada a ayudar. Agarró las tazas de té. Intentó cortar algunas hierbas…
-Yo vengo de Londres, ¿sabe? Conozco algunas grandes ciudades. Melbourne, Paris, New York…
Por primera vez en toda la tarde, los ojos de ambos hombres se encontraron. Ambos solitarios. Los de Robert de un azul frío…Los del otro, el Marido de la granjera, color caoba…Se encontraron entre hierbas, menta y manzanilla…
-Puedo contarle de las grandes ciudades si desea…
– A Pier…ina no le agradaría.
– Pier…
-…ina! Mi esposa…cría ovejas…Dice que las grandes ciudades estan llenas de pecado, horrores y puro hedonismo
-¿Hedonismo? . El Marido de la granjera encojió los hombros, desvió su mirada al fuego y llevó las hojas al agua. El agua estaba casi lista.
– Puedo contarle ahora que no está…si lo desea.
El Marido de la granjera dejó las hierbas al fuego y miró a Robert…Una sonrisa pícara iluminó su rostro. Su rostro contagió su rubor a todo el cuerpo. Miró por la ventana hacia el establo y se acercó unos pasos hacia la mesa.
-¿Es cierto que en las grandes ciudades…los hombres se pintan las uñas de los pies?
-Ehhh…depende…
-¿Y usan rubor…y lápiz labial?
El frenesí del Marido de la Granjera lo llevó a acercarse a Robert, nunca había sentido tanta curiosidad. Y Robert…
-Algunos.
-Y es cierto que…
Casi a modo de confesión, el Marido de la granjera se acercó a Robert. Frente a Frente. El Azul y el Caoba se encontraron otra vez. Y esta vez se le sumaba un rubor en las mejillas de ambos…
-¿…los hombres de Londres son los más bellos del mundo?
-No.
-¿No?
-No…No son tan bellos como usted…
Los ojos Caoba se abrieron como nunca antes. El rubor cubrió su rostro. El pecho parecía una locomotora.
Los ojos Azules se abrieron, también. La sorpresa de sus palabras le hizo pestañear perplejo y pícaro. Una risa pequeña salió de sus labio.
-No debería decir eso…
-¿No debería decir qué?…
El Azul y el Caoba volvieron a encontrarse…quizá un poco más cerca. Quizá compartiendo un deseo…
-¡BONSOIR! ¿DE CUÉ HABLANN?
El Marido de la Granjera, como una liebre escapando de un zorro, se escabulló hasta el fuego, y llevó el agua a la mesada.
Robert se quedó quieto, allí donde estaba, como si recién se despertara de un sueño.
-Le estaba contando que la Ciudad es mejor que el campo…
Los ojos de la Granjera se abrieron de par en par. Como ojos de búho.
-DIOSS HIZO LE CAMPO.
Y como si fuera una coreografía, las cabezas miraron el cielo, como si allí estuviera aquel Dios que hizo el campo o la ciudad o que dejó tanta miseria en algunos o riquezas a otros…
-¡MARI’DO LE THÉ!
El Marido comenzó a preparar una merienda, o cena temprana, con cosas variadas. Pier…ina se sentó en la mesa de roble, en la punta, e invitó a Robert, que seguía parado allí donde se despertó del sueño despierto, a sentarse a su lado derecho. Robert, inspirando hondo, se sentó. El Marido de la granjera dijo que iba a buscar leche para Le Thé y salió de la habitación hacia el establo…
-Así que cría ovejas…
-NOn.
-Perdón…su marido dijo…
-No son sóló Ovejas…Sonn Ovejas Angló-françesas…Las ovejas con mayog potentielité commerciel pagga le transport de les passangers
-Ah..si usted lo dice…
-No. Dios lo dice…
-…
-Ne m’e ha dich’o su nom’bgre..
-¡Smith!..
Perplejo por la respuesta que dió, Robert intentó que no se le note.
Pier…ina lo miró con el ceño fruncido…
-¿Shmish?
-Smith…
-¿Swichs?
-S-mith
-¿Ss-miss?
-Smith
-¡Smith!
Se quedaron mirándose unos segundos hasta que Pier..ina volvió a abrir sus ojos de búho
-¡¿SMITH?! ¡¿USTEG ES PAGGIENTÉ DE LINDÁ SMITH?!
-¿Pardón?
-¡¿LINDÁ SMITH! LA CRIADOGGA DE OVEJJAS FRANCC’INGLESAS DE L’AUTRE LADDO DE’L CONDADÓ?!
En ese momento, sacó de abajo de la mesa otra escopeta y la apoyó de un golpe frente a sí. Los ojos negros apuntaron a Robert como si fueran cuchillos. Y la punta de la escopeta apuntó lentamente a la boca de su estómago.
-No…di-di-disculpe…
-AH…bon…bon…
En ese momento, el Marido de la granjera entró a la casa. Pier…ina guardó debajo de la mesa la escopeta y lo siguió mirando fijo…
-MARI’DO! LE THÉ!
El Marido de la granjera trajo a la mesa una cantidad enorme de cosas. Scons, quesos, leche, tres tipos de Thé, azucar negra, azucar blanca, miel, manteca…Robert estaba a punto de picotear un scons…
-Anntés de bebber Le Thé…Rrhezammos…Rrhezammos une priére…una pleggarié pog chacune de nos ovejas…
-¿Y…cuantas ovejas tiene?
-Un…deux…trois…¡Soixante-Siete!
Y así, Pier…ina comenzó a decir sus plegarias…Plegarias en otra lengua. Plegarias más parecidas a los conjuros que aparecen en las películas de brujas o en los cuentos de terror. Susurros, que acompañaban sus movimientos de manos que contenían, apretadas, un rosario de plata…
Mientras tanto, el Marido de la granjera miró entre sus manos juntas en forma de plegaria. Miró fijo a Robert, a sus ojos azules. Lo miró con un pedido…un deseo…una plegaria de…
Súbitamente, Pier…ina se levantó de la mesa. Golpeó la mesa con la escopeta que tenía debajo de la misma. Y mirando por la ventana dijo:
-Voy a prier con las ovejjas…
El silencio se apoderó de la sala.
Pier…ina salió del comedor con su escopeta.
Robert mirando por la ventana que daba al establo, acercó su mano a los sconnes.
El marido de la granjera acercó su mano a los sconnes mientras miraba por la ventana, intentando ver a su esposa entre la noche, que se había acercado demasiado rápido.
Las manos de ambos tocaron los sconnes. Las manos tocaron el mismo scon. Los ojos miraron a las manos que tocaron el mismo scon. Los ojos levantaron la mirada de las manos que tocaron el mismo scon para ver a los otros ojos. Los ojos Caoba y Azules se encontraron mirándose mientras sus manos tocaban el mismo scon. Los ojos se miraban. Dos hombre se miraban. Y mientras dos hombres se miraban a los ojos, unos color caoba y otro color azul frío, y sus manos tocaban un mismo scon, una tercera mirada acechaba por la ventana. Mientras dos manos se acercaban a los scones y mientras dos manos tocaban el mismo scon y dos ojos miraban las manos que al acercarse a los scones, se tocaron por tomar el mismo sconne, una mirada asomaba por la ventana más lejana a la chimenea. Una miraba se asomaba por la ventana más lejana a la chimenea, una mirada negra, como ojos de búho, en la noche se asomaba, en la noche cerrada que se acercó demasiado rápido al día, y miraba a dos hombres que acercaban sus manos a los scones y sin querer tomaban el mismo scon y con sus miradas, una caoba y otra azul frío como dos témpanos de hielo en un lago de melancolía , miraban sus manos tomando el mismo scon y por ende tomándose. Una mirada y una respiración se encontraban en la ventana más lejana de la chimenea, en la noche que se acercó demasiado rápido al día, se encontraban observando, acechando a la mirada de dos hombres que se miraban tomando el mismo scon. Una mirada filosa como un búho, negro, acechaba. Una respiración filosa, como toro a punto de cornear al torero, roja, acechaba. Pier…ina con su mirada negra de búho en una noche que se acercó demasiado rápido al día, y con su respiración de toro embravecido que mira el rojo de un torero a punto de cornear, acechaba desde la ventana más lejana a la chimenea a dos hombres que se tocaban las manos por tomar el mismo scon y se miraban a los ojos porque sus manos que querían tomar un scon se habían tomado por tomar el mismo scon. Y sus miradas, las de los hombres, no sospechaban que estaban siendo acechadas por unos ojos de búho, negros como la noche que se acercó demasiado rápido al día. Dos miradas se miraban sonrojarse y sonreír mientras se tomaban las manos, porque sus manos tocaron el mismo scon, mientras una tercera mirada, de buho negro como la noche cerrada de luna nueva se acercó demasiado rápido al día, los miraba filosa, con la respiración de toro embravecido empañando la ventana más lejana de la chimenea. Y la escopeta en su mano.
Ya era pasada la medianoche.
Robert se encontraba durmiendo en su cama improvisada. Sus sueños se mezclaban con todas las escenas vividas…esa mujer rubia muerta en su departamento alquilado…Una liebre que habla…un tren con mujeres de lenguas largas hablando de sus vecinas…dos matones bajo la luz de alumbrado público…ovejas francoinglesas…o eran anglo-francesas?…
-¡Leithen!
Sobresaltado, Robert desperto en medio de la penumbra de una vela y unos ojos caoba demasiado cerca…
-Robert…la policía te está buscando…
-¿Que…qué?
El Marido de la granjera había dejado la vela encendida en medio de la mesa, intentando hablar bajo mientras ayudaba a despertar a nuestro Robert…
-Si…En la radio decían que habían visto a Robert Leithen por las cercanias de Dumfries…Buscado por un asesinato en…Londres…Buscan a un hombre alto, rubio, barba y con dos ojos azules fríos como dos témpanos de hielo en un lago de melancolía…Y supe al instante que era usted…Señor Leithen…
Así comenzaron a moverse entre las penumbras como si fueran dos gatos. Buscando su ropa, el cuaderno…
-¿Terminó?
-Sí…estoy listo…
-Venga, salga por la ventana del cobert…
-¡JE SAVAIS! ¡UN JUDAS DANS MA MAISON!
Pier…Ina estaba en el umbral de la puerta al exterior, con una mano en la lámpara de gas alumbrando a Robert y a su Marido, y con la otra sosteniendo su escopeta.
-Señora…no es lo que parece…
-¡GGOBANDÓ A MI MARI’DO Y SÉDUIRIENDÓ A MISS OVEJAS!
-Pier…
-¡Señora!
-LONGUEUR D’ICI! ESPION DE LINDA SCHMISH! …¡Y TU TAMBIÉN MANONZUELÓ!
-¡NO…!No es lo que parece. Soy Robert Leithen y me busca la policia por un asesinato que no cometi en Londres y debo escapar y soy inocente y debo irme a…
-ASSESSINATÓ? ASSESINÓ? POLISS…
Cuando Pier…ina estaba a punto de disparar, todo se detuvo y se iluminó de blanco. Una luz blanca inundó el comedor, a travez de las ventanas y la puerta donde se encontraba Pier…ina. Todos miraron hacia afuera…
-¡SOMOS LA POLICIA!
-¡LE POLICIÁ!
Robert miró al marido de la granjera. La granjera miró a Robert. El Marido de la granjera miró a su esposa. Y luego miró a Robert.
-Le daré más dinero… – Atinó a la granjera.
-¿Cuanntó?
-20 Libras…
-¿En liquidé?
-¿Chequé?
Y mientras Pier…ina pensaba, el Marido de la granjera lanzó la mesa de roble contra su esposa como si montara una barricada. Pier…ina cayó hacia afuera de su casa, lanzando la escopera lejos y rompiendo contra la pared de la cabaña su lámpara de gas…
Fuego.
El fuego se esparció por toda la pared que daba al frente de la cabaña.
El fuego dividió a los dos hombres de esa mujer con su escopeta, ahora lejos.
El fuego mantenía lejana a la policía de Robert Leithen.
El fuego consumía la cabaña de un hombre que soñaba con las grandes ciudades…
-¡Rapido! Vayasé por la ventana del cuarto.
Robert miró a los ojos Caoba señalando una de las puertas de atras.
Subitamente corrieron hacía allí ambos hombres. Y cuando Robert estaba a punto de terminar de cruzar el umbral de la ventana, el marido de la granjera le gritó:
-¡ESPERE!
Su silueta borrosa por el fuego que se expandía por todo el comedor le intentaba acercarle un sobretodo…
-Pongase mi sobretodo. Es oscuro. No podrán identificarlo en la noche. El suyo brilla demasiado, debe ser de …
Cuando le alcanzó el sobretodo color noche cerrada, sus manos se tocaron de nuevo. Por ultima vez. Esta vez, a propósito.
-Gracias…
-De nada, Señor Leithen…
-Robert…Digame Robert.
-Robert…
-Y su nombre…
– Heilin…
-¿Heilin?
-Significa hombre o mujer géneros…
Y allí entre las siluetas de un fuego inminente, con los gritos de una francesa granjera del otro lado de la hoguera, con el ruido de la policía detrás de la barricada del fuego, con el sonido de las ovejas anglo-francesas llorando por la llamarada que consumía una cabaña, dos hombres se besaban por única vez. Dos miradas, una caoba y una azul fría como dos témpanos de hielo en un lago de melancolía, se encontraron más cercanas que nunca pero con los párpados cerrados para que sus labios no olviden cómo fue el fuego de esa noche, un fuego que se encontraba tanto en las paredes de esa cabaña perdida en las colinas escocesas como en sus pechos que nunca más volverían a estar tan cerca uno del otro.
Robert se puso el sobretodo y corrió para perderse en las colinas escocesas que se iluminaban de a charcos por el fuego de una cabaña escocesa perdida que se incendiaba para dejarlo escapar.
Robert, corriendo por las colinas escocesas sintió un peso en su pecho. Se detuvo un instante, y de adentro del sobretodo sacó un rosario de plata y una carta. La carta, que no tenía ningún rezo ni plegaria, tenía una dedicatoria:
Tus labios en mis labios
quedan libre de pecado.
Robert se colgó aquel rosario de plata, y con una última mirada al fuego de la cabaña de aquel hombre de ojos caoba y nombre generoso, corrió a hundirse en la cerrada noche que se acercó demasiado rápido al día, hacia un lugar del otro lado de la montaña…un lugar llamado Glinka.