por Lucas Scott
La medianoche daba las campanadas en el pueblo cercano, Dumfries.
La carretera se encontraba vacía y la luna, llena. La brisa peinaba los pastizales escoceses, como una madre acariciando los cabellos de su cría cuando se va a dormir.
Silencio.
Dos siluetas caminaban junto a la carretera que conectaba a ese pueblo con el mundo exterior.
Bob prendió un cigarro.
Lou seguía masticando su nutria con hélice.
Bajo esa luna, ambos matones seguían la pista de nuestros protagonistas. Habían escuchado a la policía. Un auto había sido abandonado a unos kilómetros, por la carretera. Una señora había visto por su ventana a un hombre, de ojos azules, como dos témpanos de hielo flotando en un mar de melancolía, huir en un auto hacía la carretera.
Ambos sabían que debían terminar este trabajo, sino el trabajo terminaría con ellos.
Una célula del Opus 40 les hizo llegar que debían encontrarse en la Lámpara de Alumbrado Público de la Carretera. Era una conección de túneles y pasadizos secretos a lo largo de todo el país. Pero solo pocos tenían acceso a ellos.
Silencio.
-¿Bob? – intentando no quebrar el silencio de la noche.
-…-
-¿Boooob? –
-Si, Lou.- Con el tabaco aún en su boca, le dedicó esas palabras con un poco de recelo.
Lou masticaba, como siempre. El peligro le daba hambre. O siempre había peligro o siempre le daba el hambre…
-Estuve pensando…-
Ambos compañeros se miraron y soltaron una risa disimulada. Sabían que siempre era Bob el que pensaba, el que planeaba. Lou solía dejarse llevar por sus emociones o instintos. Solían ser acertados…a veces.
-Felicidades.
-Gracias…Estuve pensando…-arrancó un gran pedazo de nutria. Y entre masticadas, farfulló- ehn mhi…proh-pósitho hen…la vhidha…-
-Traga Lou. Luego habla.
-Gracias…- Tragó con dificultad. Y tosió un poco. Lou le compartió su petaca de emergencia. Bebieron un poco. Siempre lo hacían.-Estuve pensando…en mi propósito en esta vida.
Por un segundo se detuvieron. Hacía más de una hora que caminaban sin cesar. Y se miraron.
-¿Justo ahora Lou?- Nervioso, lanzando su cigarrillo pronto a consumirse por completo, al asfalto.
-Si Bob…hace bastante vengo pensando en ello, ¿sábes?- Ambas sombras continuaron su camino, pero esta vez prestando atención al sonido de sus pasos…de sus palabras.-Nunca me agradó esto…ya sabes…Siempre me pareció divertido golpear, perseguir, hacer labores sucios…- Lou miró la luna antes de continuar.- ¿Pero Matar…”MATAR” BOB “MATAR”! Sabes que nunca fue lo mio…-
Eran un gran equipo de rastreo y seguimiento. Los trapos sucios del norte de escocia estaban limpios gracias a estos dos sujetos. Hombres solitarios a los que unía únicamente la soledad y un trabajo que les permitiera sus propios horarios y sin saber demasiado.
-Quizá debas dormir un poco más…y comer más carne de otros animales-
-Quizá Bob…quizá…Pero estuve con pensamientos oscuros…sueño de noche con cada rufián que nos encontramos….- Un auto pasó a máxima velocidad. Rápidamente se escondieron tras unos abedules que bordeaban la carretera. La sombra era demasiado profunda, seguramente no llegó a verlos. Era la policía. Siguió de largo. Y ellos continuaron caminando.
-Estoy cansando…
-Yo también, Lou.
-No, Bob. Estoy cansado de las sombras. Las muertes…Quiero ser Chef.
La palabra “Chef” resonó por los campos escoceses cercanos como el aleteo de palomas.
-¿Cheff?
-Si, Bob. Chef…soy un excelente cocinero. Eso hago en mis días libres…Cocino. Soy experto en legumbres y hortalizas asadas…
-Woow, Lou.
-Apliqué a la Escuela Superior de Cocina de Aberfoley…-
-Woow, Lou.
-Dejaré este trabajo, Bob.
Silencio.
Los pasos continuaban resonando como ecos de una piedra en el agua. La noche continuaba su viaje al día. Faltaba poco para llegar a La Lámpara de Alumbrado Público asignada.
Habían pasado unos minutos desde la confesión de Lou. Sabían qué significaba ello.
Habían escuchado rumores de otros matones o asistentes del Opus 40 que intentaban dejar aquella vida. Una vida de secretos, sombras, conspiraciones. Los rumores contaban que pudieron vivir unos pocos meses escapando de las Óperas o Ciudades grandes, pero terminaban encontrándolos. Encontraron a una espía del correo, alguien de poca mota, hacía unos meses. Ella terminó igual que Rebecca Fritz, pero a diferencia que esta otra mujer sólo quería una vida tranquila. No iba a revelar nada, solo pasaba correos. Sin siquiera abrirlos. Ella quería abrir una librería en la costa oeste, de donde era.
Fue encontrada en los riscos de Glasgow, días atrás.
-Si te vas…van a matarte…- Lou interrumpió su silencio, entre bocanadas de un nuevo cigarrillo que se había prendido.
-Cierto, Bob. – Una sonrisa se prendió en la cara oculta de Lou.-Pero tengo un plan: le propondré mis servicios de chef a la Señora Morgan…ella nunca tuvo a alguien pertinente en la cocina.-
-Woow, Lou…Esta vez sí pensaste.-
Silencio
-Lou…-
-¿Sí, Bob?
-Yo también estuve pensando, Lou.- Volvió a lanzar el cigarrillo consumido al asfalto, como si dejara una pista de migajas de pan a lo largo de Londres, de Dumfries, de su vida…
-Felicidades.- Respondió repitiendo el halago que le había dado antes.
-Gracias.- Rieron por lo bajo.-Lou…Yo…
Lou fue interrumpido por sus propios pensamientos, que pasaban como autos a máxima velocidad en una carretera. Lou no era de mucho hablar, pensaba y planeaba, golpeaba y maniataba. Era un hombre sencillo de pocas palabras y muchos cigarrillos.
-¿A tí tampoco te gusta matar?- Dijo, con tono de sorpresa, Lou. Mientras masticaba el último bocado de Nutria.
-¿Eh?…Ah, no. No. A mí sí me gusta matar.- Bob agarró su cigarrera y observó su último cigarro. Lo tomó y se lo colocó entre sus labios. Pero no lo encendió. Se dijo a sí mismo que lo encendería luego de…-Estuve pensando, que…-
Silencio.
Un búho cantó lejos.
-Que quiero ser mujer, Lou.-
Silencio.
-Quiero pasar los días que me quedan de vida como Mujer.-
Silencio.
-Wow…Bob.-
Silencio.
-Bab…-En ese instante, Lou se detuvo. Lo miró con una mirada que intentaba entender esas palabras.- Me pasaría a llamar Bárbara…pero sería Bab…para los amigos.-
Ambas sombras interrumpieron sus caminos. Hacía mucho que se conocían…pero se conocían tan poco. Apenas sabían sus nombres.
Silencio.
-¿Me consideras tu amigo, Bo-?…-Sorprendido por sus propias palabras, se calló.-¿Tu amigo…Bab?-
-Después de tantas misiones a la par… hombro a hombro…golpeando a hombres malos y espías internacionales…- Bab, con esa mirada profunda, como de gata vieja, se encontró con la de Lou. La mirada de gata vieja bajo una capa de hombre.- Creo que voy a extrañarte cuando seas Chef…amigo.-
Silencio.
El ruido de una corriente eléctrica.
Una Lámpara de Alumbrado Público a pocas millas.
Siguieron caminando, aquellas dos siluetas en la noche, hacia la luz eléctrica y blanca que iluminaba como una estrella demasiado cerca de la Tierra.
Pero antes de tocar el umbral que separaba la noche de la luz eléctrica, Lou se detuvo de golpe.
Lou dió media vuelta a mirar la luna.
Bab, que venía unos pasos atrás, se detuvo y miró la luna también. Prendió su cigarro.
El Chef y Bab se miraron y se sonrieron. Se sonrieron y miraron como un par de amigos, compartiendo un secreto. La luna tan blanca y un cigarro muy bueno fueron testigos de esa noche.
Terminado el cigarro, un abrazo.
Abrazados, por el hombro y la cintura, como dos amigues después de mucho tiempo sin verse, cruzaron el umbral de la luz. Apenas sus pies tocaron la luz, la noche inundó los campos y esas dos sombras, desaparecieron.
Silencio.